Carta para mis lectores
Le di un descanso a mi blog de dos fines de semana. ¿La razón? Estaba atravesando una incomodidad muy extraña que ni yo misma sabía cómo explicársela a mi terapeuta.
Este blog nació como terapia. Cuando era pequeña y ya sabía unir letras para formar palabras, me enseñaron la existencia del cuento. Empecé a escribir cuentos. Sobrepienso mucho, mi cabeza siempre está creando historias y llevarlas a cuentos me liberaba. Pero un día citaron a mi mamá al colegio. Le mostraron mi cuento recién escrito para una clase y le dijeron que yo les preocupaba porque escribía brusquito.
No me acuerdo en qué terminó la cosa. Creo que en nada, porque así pasa siempre con las cosas que no tienen fundamento: no terminan en nada.
Desde entonces le cogí miedo a escribir y, aunque nunca paré, nunca más publiqué nada.
Cada año me presentaba al Concurso Nacional del Cuento. Mis lugares favoritos son las bibliotecas y las librerías, y en Pensilvania asistía a tertulias de cuento que a veces organizaba la biblioteca, casi siempre inspiradas y lideradas por Valentina Montes. Ella trabajaba en la biblioteca de adultos de Pensilvania cuando yo tenía como unos 7 años, y yo era una de sus visitantes. No me gustaba la biblioteca de niños porque había mucho ruido y porque los libros de los grandes me parecían más bonitos.
A pesar de estar escribiendo y enviando cuentos para que los leyeran personas que no conozco, jamás dejé que uno de mis cuentos lo leyera alguien que yo conocía. Todos se quedaron en el olvido, incluso en el mío propio, pero yo sigo escribiendo sobre todo lo que pasa por mi cabeza en las notas ocultas de mis agendas.
Escribir me ha ayudado a encontrar respuestas, a soltar la mente, a liberar los sentimientos que poco suelto. Por ejemplo, este blog se publicó con ese sentimiento frustrante de por qué querer casarme si nunca lo puse en mi mapa de los sueños, cómo fui mamá antes de lo que yo había rayado en mi plan y cómo lo único que se ha cumplido al pie de la letra ha sido mi carrera. Con ese aproveché para dejar público lo que escribí cuando fui mamá, porque si hay algo que me ha enseñado lecciones sobre amor propio y el cuidado del cuerpo en la vida, ha sido ser mamá.
Mi carrera me llevó luego a ser Copy. Este es el cargo que se les da a las personas que se encargan de hacer campañas creativas en agencias de publicidad; son quienes escriben una campaña, la piensan y la diseñan desde el concepto. Mi jefe de ese entonces me enseñó (con sangre) la importancia de cada palabra. Amiguis, las palabras, por sinónimas que sean, tienen su propia razón de existir. Ese día entendí por qué a mi profe le hacía "bullas" que yo escribiera diferente. Yo no usaba palabras a la ligera; las ubicaba como quería que el cuento se sintiera y seguro eso no le gustó a ella.
Mi sueño de escribir un libro viene desde esa época, cuando me metía a la biblioteca de los grandes, cuando en el colegio hacíamos semanas de ferias literarias para conocer el mundo de un escritor. En una de esas ferias me enamoré de Gabo (con todo lo que lo critiquen, les incomode o les duela, el man escribía muy bien. Él, tú y yo no somos perfectos, no seas cansón/a).
En noveno, mi ensayo sobre economía fue el mejor de la clase del churro de Luis Miguel (el profe de español), y en la universidad me iba mejor en las clases donde te ponen a escribir que en las que me ponían a diseñar.
Justo ahí me dije que necesitaba solucionar la manera de perderle el miedo a que las personas me leyeran, porque de lo contrario, ¿con qué seguridad le iba a dar vida a mi libro?
Intenté lanzar este blog hace unos cuatro años, pero justo antes de dar clic en publicar el miedo me paralizaba y me detenía. Y cada vez que una entrada sale aquí, a mí se me para el mundo, porque me da miedo haber escrito brusquito. Pero luego llegan sus mensajes a mi chat agradeciendo una palabra, contándome su propia anécdota, debatiendo sobre lo que escribí. Y eso me ha dado la felicidad más enorme que pueda existir para la Nati que escribe por pasión y amor.
Entonces, con mayor razón debo ser responsable con ustedes, seguir entregándoles eso que les toca, les mueve el corazón, porque esa es mi intención, pero con ese componente de conciencia que yo quiero dejarle al mundo: consumir consciente. Y aunque cuando le he dicho a personas de qué va mi libro me han dicho que estoy loca o que de eso ya han hablado en el mundo, hoy son ustedes, mis lectores (que, por cierto, cada vez son más), quienes me devuelven la fe en que mis letras sí pueden tocar diferente.
En este momento mi cabeza es un sancocho de ideas, temas y experiencias que quiero hacerles llegar de la mejor manera. Entonces paré, porque necesito un plan menos improvisado, el que ustedes se merecen.
Un espacio para pensar, para sentir, para compartir ideas o debatirlas, para aprender cositas que a veces tiro por ahí y que me he encontrado curioseando, pero sobre todo, para sanar.
Me rendí por muchos años, me oculté en mí misma y escuché las voces necias antes que la mía y que mi corazón. Hoy elijo no hacerlo más y tal vez nunca deje de sentir miedo antes de publicar. Tal vez siempre me pregunte si escribí "brusquito" pero creo que ya entendí que el valor no está en dejar de tener miedo, sino en seguir publicando a pesar de él.
Gracias por leer. 💙 Mañana viene más.
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