Preambulo a mi serie de blogs y un pedacito de mi vida


Según Claude, debo seguir escribiendo para ustedes; según yo... no soy nadie en este mundo para escribirles y sin embargo, ustedes me leen y algunos me escriben animándome o identificándose.

Hace 8 días les dije que habría una parte dos del blog que escribí sobre maternidad, pero la verdad es que apenas empiezo a descubrir qué les gusta que les cuente, y sé que muchas aquí se identifican y se animan cuando les hablo de maternidad o cuando les cuento qué hago para superar algo que me parte el corazón.

Y como sé de un hombre que me lee por aquí, ¡gracias! Espero también llegarte al corazón.

Lo que también sé es que desde muy chiquis quise hacer esto, pero jamás me animaba, literalmente por miedo y desconfianza.

Hace unos días puse un post en el que les contaba que, cuando era secretaria, me ponía notas de ánimo para aguantarme en ese cargo, porque lo que yo quería era ser publicista ya.

Entonces me puse a pensar ¿por qué me demoré tanto en irme de ahí si quería irme? Otro lugar en el que me tardé años.

El otro ya identificamos el porqué, y si leíste ese blog ya lo sabes, pero en este era por miedo.

Acababa de llegar de un publito muy pequeño a una ciudad gigante (que hoy no me parece tan gigante, ese será otro blog). Además, la cultura es completamente diferente, un publito caldense a una ciudad gigante multicultural (ese también será otro blog).

Siendo apenas una niña, con un mundo por descubrir, con un montón de cosas por aprender, con una cabeza llena de sueños y la ambición al mil, un respeto enorme por la autoridad de mis mayores, yo tenía pánico a la incertidumbre. Hoy soy un imán a la incertidumbre (otro blog).

Mi mayor tesoro en ese momento era mi salario (y era bien poquito). Con ese salario pagaba mi universidad y ni me alcanzaba. Luego de renunciar, seguí pagando lo que debía. El caso es que me daba pánico irme de ahí y perder la seguridad de pagar semestre a semestre mi universidad, salir a un mundo laboral incierto, sin saber si yo sería buena para ser publicista, sin conocer nada diferente a las empresas Escobar y, hasta ese momento, solo habiendo leído Kant y Marx para hacer ensayos de comportamientos, ética y consumo.

Y adivinen qué, me lancé y pasó justo lo que temía que pasara.

Me cansé y, en contra del pánico que me daba irme de ese lugar de salario y trabajo estable, empecé a enviar hojas de vida a diario. 30 minutos en mi hora de almuerzo, buscaba cada vacante que me sonara, anotaba cuántas CV enviaba por día. 350 en dos meses y, de repente, empezaron a llegar las entrevistas.

Tenía unos pinitos (diría mi mamá) en diseño gráfico, unos pinitos que no prometían, la verdad, pero algo que sí prometía mucho era mi capacidad para crear conceptos de marca y las palabras de mi profesor de español en noveno, cuando hice el primer ensayo de mi vida y él me dijo que tenía talento para escribir. Heme aquí, de nuevo haciéndole un choque a mis miedos.

Cuando llegaron las entrevistas, una tras otra, en ninguna quedaba. Hasta que un día llegó: “Diseñadora Gráfica, Leal Colombia”, y un salario que aumentaba 500 mil pesos mis ingresos.

Mi novio de entonces era mi propio hater. Pasaron 15 días y le dije saliendo de la universidad “Es que apenas me digan en Leal que sí, vamos a poder hacer X cosa”, un plan que teníamos juntos… Y me dice: “No te van a decir que sí”. Recuerdo como si fuera ayer.

Calle setenta y cinco abajo de la quince. Agacho mi cabeza, supremamente triste por su comentario, y miro mi teléfono.

Dos horas antes me había llegado un correo que decía que había sido la persona seleccionada. Resaltaban mi actitud y me pedían enviar documentos para adelantar el contrato. “¡Toma lo tuyo, amigo!” (y aun así me quedé 🙄).

Pongo el celular con el mensaje frente a su cara y me reí de triunfo.

7 meses después, me despiden 🥺. Me quedo sin el ingreso fijo (check a ese primer temor) y me quedo sin dinero para pagar el siguiente semestre (check a ese segundo temor). Llegué al ICETEX y volví con los Escobar, esta vez por un cargo temporal mientras la tesorera cumplía su licencia de maternidad.

Yo, que confundo los números porque soy disléxica y tengo discalculia, fui tesorera.

Volví a mi dinámica de envío de CVs, esta vez 180, y entonces ahí comenzó mi carrera.

Hoy no sabía qué escribirles y terminé contándoles un pedazo de mi vida, no con ánimos de contarla, sino con ánimos de recordarles que todos sus proyectos son posibles.

Desde ese día hay una frase que le digo a todos quienes me permiten decírselo:

El miedo no debería frenarte, debería impulsarte. Cuanto más miedo tienes, mayor impulso deberías tener, pues más energía tendrás que invertir en hacer cosas en contra del miedo.

Y fin.

Gracias por leer 💙



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