Hoy no sabía si escribir o no. No es un día que disfrute aún, y además, seguro han recibido tantos mensajes por el día de las madres que qué flojera leer más, aunque este no sea un mensaje de día de madres.
Pensé en tal vez mejor escribir mañana, cuando todos los festejos hubieran terminado. Pero en la mañana recibí un mensaje de feliz día que no esperaba, pero sí quería. Él solo lo hizo, y con eso me hizo inmensamente feliz. (El que me tiene entusada.)
¿Cómo los pequeños gestos pueden cambiar tanto el ánimo de alguien? Estoy segura de que no solo me pasa a mí. Y en un día como hoy, tan sensible, tan lleno de emociones, a mí se me encuentran todos.
Unos de orgullo, porque hay que ser sensatos, la maternidad, que como bien lo dije en un blog pasado, se me coló. Yo la disfruto demasiado.
Preguntarás entonces ¿por qué dice que no disfruta aún este día? No me lo he respondido aún. Será mi próximo tema en terapia, eso ténganlo por seguro. Pero desde que soy mamá, no he disfrutado nunca un día de las madres como siento que se debería disfrutar.
Tal vez se deba a mis siempre altas expectativas en todo. Que me celebren no es que me compren cosas, me envíen los memes de Piolín, o que me empaqueten mi día con el de las otras mamás de la casa. ¿Qué caprichosa la Natalia? Pues sí.
En un mundo donde algunas personas juzgan estas fechas como un acto capitalista que aún así celebran, y yo, que escribo sobre consumo y que cada vez me convenzo más de cómo se modifica el comportamiento del consumidor a través de dinámicas promocionales, quiero que me celebren en grande.
Y cuando hablo en grande, hablo de lo que para mí más vale. Que se tomen el tiempo de pensar en mí, en nosotras. El mensaje de esta mañana, que no esperaba pero sí quería, tiene un componente enorme. Entendiendo su personalidad, pues no es muy expresivo que digamos, estoy segura que si mandó tres mensajes como ese, fue demasiado para él. Y yo fui uno de esos mensajes. Luego vinieron dos mensajes más de mis amigas, tan llenos de verdad y tan únicos, exclusivos. No el típico meme que le enviás a 30 chats.
Él, y mis amigas, pensaron en mí. Y se tomaron el tiempo, tan costoso y tan escaso, de escribir para mí.
Me fui entonces a investigar por qué nace el día de la madre, y me encuentro con el nombre Anna Jarvis. Anna Jarvis mamá y Anna Jarvis hija.
Anna mamá funda un día para conmemorar a las madres trabajadoras. Su finalidad era mejorar la salud y las oportunidades para ellas. Cuando muere, Anna hija lucha para que el día de la madre se conmemore oficialmente en EEUU y luego de varios años lo logra. Lo que no le gustó fue que las floristerías y chocolaterías lo aprovecharon para vender más. Tanto que en 1923 declaró públicamente que había creado un monstruo. Gastó toda su fortuna peleando contra la comercialización. Murió en 1948, en la ruina, en un sanatorio. Y la ironía final fue que ese sanatorio lo pagó parcialmente por la industria de flores y tarjetas que ella tanto combatió.
Soy publicista, amiwis, sé cómo funciona. Estamos entrenados para encontrar nuestra audiencia en el canal adecuado. Entonces quise entender por qué flores y chocolates que a todas nos vuelven locas. Pues resulta que es un tema muy cultural y hermoso para las románticas como yo.
En la época victoriana, cuando no se podía hablar de sentimientos como ya lo podemos hacer hoy (casi, nos falta otro tris), la floriografía encuentra significados en las flores para expresar lo que las palabras no podían pero el corazón y el cuerpo sentían. Amiwis, luego de leer esto, no acepto, NI ACEPTEN, por favor, menos flores en sus vidas.
Superficialmente si buscan, aparecerá que activan la dopamina, oxitocina y serotonina. Sí, son hermosas, huelen delicioso, el chocolate está diseñado química y comercialmente para generar emoción rápida e intensa. Pero entender las raíces de cómo nace el por qué de cada cosa es lo que empieza a hacerlo interesante.
Porque lo que hace una celebración en grande no es seguir el guión que la industria escribió. Es lo que a mamá le hará sentir que valió la pena cada vez que se levantó a media noche, cada vez que su corazón se le encaramó en la garganta por preocuparse por su criatura.
Bendecidas somos de poder seguir siendo juzgadas por cada elección de crianza, porque vaya si nos critican, porque trabaja mucho, porque trabaja poco, porque le da pantallas, porque exagera con que no coma dulce, porque tiene crianza respetuosa, porque se sale de sus casillas, porque se arregla, porque no se arregla, ¡porque respira!
Emilio tiene 4 años. En sus 4 años ni entiende qué es un día de la madre. Aun así, me trae una carta, con sus recursos. Él piensa en mí porque alguien le dijo que en el día de las mamás hay que hacer feliz a mamá. Y es el día en el que más berrinches hace.
Eso, exactamente eso, era lo que Anna Jarvis quería cuando empezó todo. No los 30.000 millones de dólares en flores y chocolates. No el meme de Piolín enviado a 30 chats. Quería que alguien, con sus recursos, pensara en mamá. Y le escribiera para ella sola.
Por eso hoy, mi regalo favorito fue el mensaje que no esperaba pero sí quería, la carta de Emilio en la que me pintaba que quería ir al centro comercial a comer crepes, mi mamá diciéndome "ya me celebraste, ahora dime tú qué quieres". Eso quiero, mami. Un abrazo que sale desde el corazón de alguien que te quiere y reconoce que eres una madre perfectamente imperfecta, una amiga que se hace mamá y te deja un mensaje donde reconoce desde la naturalidad de lo difícil de ser mamá, pero lo eternamente romántico de mirar a los ojos de ese ser que criás todos los días, para que mañana, desde sus propios recursos de amor, pueda celebrarte. Un día en el que el mundo celebra tu título de madre, y al día siguiente te honre cuando a todos se les olvidó que ayer regalamos unas flores por ser el día de la madre.
Gracias por leer 💙
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