Colapsé, y salí a correr

Hace un año empecé a correr... La razón... Una tusa, no por un hombre, por trabajo.

Los primeros seis meses de cada año, siempre se me hacen los más difíciles. No sé si les pase igual, la economía va más lenta, el año arranca con expectativas, los cambios sí o sí llegan.

Mi año 2025, arrancó no solo con lo anterior, sino con un golpe económico importante además de un proceso profesional supremamente retador.

Todo parecía marchar muy bien, pero un 9 de enero recibo la noticia de que debía tomar una responsabilidad que yo no quería, pero era la persona indicada del equipo para tomarla. Así es la vida laboral, amigos, hay momentos que simplemente no disfrutas, yo le llamo las lavadas de trapero (odio con mi vida lavar traperos) de ahí mi analogía.

Si le preguntan a las personas que han trabajado conmigo, seguramente una mayoría dirán "Nati no sabe decir no" y es muy real, yo no sé decir no, incluso a las lavadas de trapero. Sobretodo porque amo tanto mi trabajo y bendigo cada día vivir de lo que amo, que para mí es simple la fórmula. Disfruto mucho levantarme a trabajar, pero no todo puede ser rosa porque entonces no vas a aprender a superarte a ti mismo, (otra cosa importante, busco ser cada día 1% mejor que el anterior, mantra extra interiorizado) por tal razón necesito que a veces algo me incomode, para mí esa es la mejor forma de aprender, de ahí, las lavadas de trapero. No las busco, ellas llegan solas. A todos nos pasa.

Arrancamos con el proceso. Todos sabíamos que la cosa sería difícil, había mucha presión y de repente todo empezó a ser una bola de nieve que no pude detener.

Lo fuerte no pasaba en el trabajo. Pasaba cada vez que yo cerraba el computador. Otra confesión sobre mí: mi momento de mayor reflexión es lavando platos, no me pregunten por qué, pero hay una conexión importante en mí con cada lavada de platos; si me invitas a tu casa a comer, ya entendiste por qué siempre lavo los platos. (La única casa en la que no he lavado platos es donde Ana, mi mejor amiga 😏)

El caso es que en cada lavada de platos, me echaba la cátedra por la lavada del trapero ese día, un trapero que además era bien grande. No me gustaba, no lo disfrutaba, no sentía avances; al contrario, en cada intento siempre había un pero. De repente, me volví a encontrar llorando, con poca paciencia en la vida cotidiana y cuestionando todo.

Justo en esa época, volví a preguntarme, ¿Qué estoy haciendo aquí, si no sirves para esto?, yo... que amo mi trabajo, me estaba diciendo que no servía para hacerlo. Sentía que todos me miraban para juzgarme y que cada vez que abría mi bocota solo era para decir barbaridades. Pasó un mes, dos, tres... Y yo estaba al límite. ¿Pero recuerdan que al principio dije algo sobre un golpe económico? Éramos mi sueldo y yo contra todas las cuentas de la casa.

De repente, sale la convocatoria para un cargo de liderazgo que yo había soñado mucho. Y yo, que me he preparado tanto para dar ese paso, me lancé a intentarlo. No pasé.

Venía recibiendo mis propios latigazos de desconfianza y no pasé. El mensaje no llegó con un "tranqui, en una próxima". Colapsé.

Entonces, mi psicólogo me dice un día "¿Estás moviendo tu cuerpo?" y mi respuesta fue no.

Meses atrás, había salido a trotar en Pensilvania (Mi pueblito) y recordé que eso me ayudaba a relajar la mente, a soltar. Entonces entré a la primera carrera que encontré y pagué la inscripción.

Tenía un mes para prepararme, así que me fui cada domingo al parque más cercano a darle vueltas como Hámster.

En mi cabeza no paraban esos mensajes de: Qué estás haciendo con tu carrera, te la vas a cagar, tenés que pagar el colegio de Emilio, no podés parar, nadie te escucha, no lo estás logrando, para qué un libro si no lo estás haciendo bien, para qué una especialización si no lo estás haciendo bien, y así cada km.

Una tarde, fui a comer con una amiga, amiga que dos años antes había sido mi jefe. Le abrí mi corazón, le conté qué estaba pasando y le conté que correría mi primera carrera, ella es Runner. Y con una sonrisa en su cara me dijo "¡Yo te acompaño!" No lo podía creer. ¿Por qué alguien de la nada sacaría medio día de su vida solo por acompañar a otro alguien a su primera carrera? Esa es Tefa, un ser increíble.

Llegó el día y la carrera arrancó, 5k para ese entonces. Justo un mes atrás, cambia mi rol, con nuevos retos, nuevas personas a mi alrededor, un aire fresco, unos líderes increíbles en todo el proceso. Y luego estaba yo, dándome látigo.

El día de la carrera, yo desde los corrales buscando a Tef en el público, y de repente, ella entra a la pista y empieza a correr conmigo. Mientras corro no puedo hablar, tengo rinitis aguda, mi nariz no funciona como funciona una nariz normal, así que o hablo, o respiro. Pero Tef no se callaba y fue lo mejor que ella pudo hacer.

"Vamos Nati, eres una tesa, recuerda por qué haces lo que haces, Emi está viéndote en esta carrera" y así una hora completa, ella, que me conoce siendo mi jefe, luego como emprendedora con mi peluquería, viéndome criar a Emilio, pero también como amiga, tocó en cada uno de los lugares que necesitaba mi corazón.

Salí de esa carrera con una hora de ejercicio completo para mi cuerpo, dolor de piernas y de trasero, un mindset que no hubiera podido pagar ni al coach más teso de la historia de los coach y convencida que las carreras van más allá de una moda, pagar por correr en la calle o ser el nuevo mundo de los entusados.

Aquí le agradezco al marketing y a todos los organizadores de carreras por hacer un cambio cultural tan importante en la vida de miles de millones de personas, por los propósitos que hay detrás de cada una y por todos los que nos hemos animado a mover el cuerpo de a poco para agradecerle el gran templo que es.

Ese año, cuando salí a la meta, Emilio estaba esperándome, me puso la medalla y le prometí que este año corríamos juntos. Hoy nos cumplí, y aunque Emilio ni entiende la dimensión de correr una carrera, me siguió la cuerda, me la sigue en todo, se puso la actitud, la pinta y corrió con toda su energía. Este año, yo era su Tef, diciéndole lo orgullosa que estoy de él. Llegó de 19 en su categoría, y no ha parado de jugar con sus carros por toda la casa. No sé de dónde saca tanta energía. Pero sé que ver a su mamá correr en carreras por un banano y un bocadillo le llena de orgullo; que ahora no solo verá mis medallas colgadas, ya hay una suya, y si quiere, volver a correr... dijo que no porque era muy largo, pero capaz se anima el próximo año.

Estos son pequeñas siembras a su conciencia de salud física y mental, al cuidado de su cuerpo, de su vida, de hábitos.

Mientras tanto yo, seguramente seguiré corriendo, para seguir liberando la mente y agradecerle a mi cuerpo. Finalmente, aquí estoy hoy, caminándole a la crianza, a mi carrera y a mis sueños, lavando traperos y a una que otra vez platos, pero siempre recordándome que sí estoy hecha para esto; de lo contrario, no podría ver desde este escalón tan alto todo lo que ya he caminado.

¿Y tú, qué trapero estás lavando hoy? No dejes que te ensucie lo que estás pensando y lo que te estás hablando.

Gracias por leer 💙



Comentarios