Permítete ser mala mamá


Lección del día

Solo tú y tu bebé saben al 100% lo maravillosa que eres.

Y una lección adicional, para ti que acompañas la vida de una mamá, ella está dando su 100%, aunque ese 100% no siempre se vea como el tuyo.

La maternidad, a veces, es profundamente frustrante.
Te cuestionas todo, si lo estás haciendo bien, si estás fallando, si deberías saber más, hacerlo mejor, ser distinta.
Y no, no estás loca, eso es normal.

Este blog no solo me sirve a mí para desahogarme.
Si hoy tuviste un día como el mío, quiero que también sea un desahogo para ti.

Hoy fui al pediatra.
Como buena mamá intensa, procuro llevarlo cada mes.
Hace tres consultas me dijeron que su peso no iba bien.
En la siguiente me dijeron:
“¿Por qué vienes tan seguido? A esta edad la ganancia de peso es lenta y podríamos clasificarlo como desnutrido por error”.
Hoy, a la pediatra solo le faltó decirme que soy una mala mamá.

La consulta me rompió el corazón.
No solo porque llevo semanas en las que mi bebé no quiere comer “juicioso” y eso ya es un fantasma que me quita el sueño, sino porque a veces nos enfrentamos a personas que suponen.
Y esta vez, la doctora supuso demasiadas cosas sobre mí.
A cada una respondí con un NO firme, porque lo que ella daba por hecho, yo no lo hago.

Sí.
A veces también somos malas mamás.

Según la pediatra de hoy, mi error es que cuando mi hijo dice que no quiere comer, no lo obligo y, en cambio, le doy seno.
No sé tú qué pienses, pero yo creo que el seno es vida, que sostiene, que calma y que nutre.
Y curiosamente, la mayoría de los profesionales que he leído y escuchado piensan lo mismo.
(🤣 en realidad, yo estoy de acuerdo con ellos).

A veces también puedes darte permiso de ser “una mala mamá”.
La que no trabaja porque cuida.
La que alterna su vida profesional.
La que da seno o la que da fórmula.
La que comparte la cama o la que prefiere cuna.
La que comparte el cuarto o la que apuesta por una independencia temprana.

Somos distintas.
Y muchas veces seremos “malas” a los ojos de otros.

Pero hay una sola verdad que importa,
somos las mejores mamás para nuestros hijos, y por eso están con nosotras.

La parte bonita

Mamá, recuerda esto:
eres exactamente lo que tu bebé necesita.

Y tú, acompañante:
recuérdale a esa mamá que su trabajo más valioso no siempre se mide, pero sí se siente.
Ella es el mundo entero de ese bebé.

Este es un espacio para sentir.
Pensado en ti que lees, mamá real, papá real, abuelos, tíos, tías, hermanos, hermanas.
Pero, sobre todo, pensado en el ser humano más pequeño de tu círculo.

Porque el mundo sí puede ser mejor.
Y todo empieza sembrando una sociedad nueva, transparente y real.
¿Dónde?
En un niño que apenas empieza a descubrir qué es vivir en sociedad.

Comentarios